Educación·Niños

Solo hay que creer

En una tarde cualquiera, en búsqueda de una película que disfrutar, encontré “Descubriendo nunca jamás“, tenía ganas de verla. Y a pesar de estar en casi modo siesta, la princesa y yo nos pusimos a verla.

Imposible dormirse, hacía tiempo que no veía una película que me cautivase tanto. Un gran elenco, una gran historia, un buen desarrollo y sobre todo magia, mucha magia.

El País de Nunca Jamás
El País de Nunca Jamás

Para aquel que no la haya visto, desde aquí mi total recomendación, está claro. Yo aún estoy secándome las lagrimas y sí, es una historia triste. Un enfoque del cuento de Peter Pan totalmente distinto al que solemos estar habituados, tanto en distintas réplicas de Disney, dibujos animados y sin fin de adaptaciones.

Pero esta historia me cautivó por otro motivo: me hizo recordar por qué dejamos de reír como niños. Por qué nos consideramos demasiado mayores como pare reír a carcajada; de esas sonoras que tanto nos motivan y tanto nos gustan. ¿Por qué dejamos de reír así?

Al fin y al cabo el “síndrome” Peter Pan, que ha evocado tantas historias y canciones, no es más que ese momento justo en que el niño empieza a ser adulto. Y las cosas, por tanto, se ponen serias…

Viendo la película se pueden sacar frases de un significado feroz. Desde :”se puede cambiar las cosas sólo con creer” a “el tiempo nos acaba de dar caza a todos“. Ésta última, reflejada en ese gran cocodrilo que recordaba a Garfio la cercanía de la captura y, por tanto, su final gracias a ese reloj que se había tragado una vez. Un paralelismo brutal.

Campanilla
Campanilla

Pero donde el autor tal vez quiso ser más crítico con los “adultos” es en la afirmación de que las hadas nacen con cada primer suspiro de un bebé y mueren cada de vez que un niño dice que no existen.

¿De verdad no existen? Ver a mi princesa en el sofá reclinada a mi lado me hace afirmar taxativamente que sí, porque ella es un hada, una princesa, un elfo y todo lo que quiera ser. Ella tiene las alas, la vocecita, la energía y la magia. Y el creérselo depende de ella y también de mí.

Por eso gracias a todos los Peter, Campanilla, Wendy, John, Michael y a los niños perdidos, gracias por dejarme viajar de vez en cuando, de nuevo, con vosotros al País de Nunca Jamás.

 

 

 

5 comentarios sobre “Solo hay que creer

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