Pensamientos en voz alta

Mitos urbanos I : Las mujeres nos ponemos malas y los hombres se ponen a morir

Acaba el verano, comienza el curso, el otoño ya está instaurado en nuestras casas y los virus nos comienzan a rondar cual plaga satánica en la época de los faraones. Pasito a pasito nos acercamos al invierno y a todo lo que conlleva.

Así que si en tu casa tienes niños, sabrás que los gérmenes se multiplican a una velocidad de velociraptor. Conseguir esquivarlos es digno de un equilibrista del circo del sol.

Pero que me expliquen por favor -y que me lo expliquen muy bien- por qué cuando en casa entran los microbios a acampar a sus anchas, hay una separación clara y definida de clanes a la hora de enfrentar la batalla:  por un lado los que se ponen malos y por otro los que caen a morir.

Mira que soy bastante poco sufrida; como ejemplos: pedí la epidural en mi primer parto hasta la saciedad -no fuera ser que se les pasara el momento, y no me la pusieran, puedo llegar a ser muy pesada cuando me lo propongo-, aún me acuerdo del dolor de las muelas del juicio -y eso que aprobé un examen a pesar del flemón- y si tengo dolor de cabeza busco un paracetamol o ibuprofeno como alma que lleva el diablo. Con todo este batallón de argumentos, sigo con la exposición…

A pesar de sufrir dolores a retorcer -como todo hijo de vecino- llegando a ser insufribles en ocasiones, con los años el umbral del dolor se ha ido expandiendo y me ha permitido llegar a padecerlo con una integridad caballeresca, similitud con mucha sorna, sin llorar y gimotear como una chica.

Por lo que son contadas las ocasiones que puedo decir, que un dolor ha llegado a anularme como persona.

Y si a esto sumamos, que estudios realizados en las mejores universidades del mundo -avalados por estadísticas de mercados en todas las plazas, cafeterías, colegios y parques del mundo mundial- se ha llegado a la conclusión que una mujer se pone mala, pero un hombre se siente morir ante el mismo catarro. Representado éste por: nariz goteante, rostro crepuscular, mirada cristalina, debilidad en los huesos, agotamiento de pañuelos y despellejamiento de napia .

No cabe duda que el umbral del dolor lo tenemos todos de manera muy dispar, no sólo clasificable en género -para algo nosotras tenemos a nuestra amiga de visita todos los meses-. La naturaleza hizo así el reparto; no nos vamos a enfadar.

Pero sigo sin entender que alguien puede quedar al nivel de despojo con un simple y común catarro.

Y aunque algunos quieran elevarlo a mitos, es una verdad reiterativa y más que conocida: las mujeres nos ponemos malas y los hombres se ponen a morir

Seguro que te suena la siguiente situación: llegas a casa con un dolor de cabeza. Pero milogrosamente te arreglas para: deshacer camas, preparar la cena, acostar a los peques y puede que lo consigas sin levantar la voz, ni acusarlos en exceso -básicamente porque no puedes-. Y después de todo eso, llega tu señor marido y está malo, maliiisimo. Llega por la puerta, deja la bolsa, se mete en la cama y está. ¡Así de sencillo!

Menudo comienzo de otoño me espera…

Resignación, tu nombre es de mujer. Daría para un ciclo de mitos; por el momento voy con el primero.

hombre enfermo

7 comentarios sobre “Mitos urbanos I : Las mujeres nos ponemos malas y los hombres se ponen a morir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *