Educación

¡Mira mamá! ¡Ya soy grande!

Hay miedo que enseña a no tener miedo.

Esta frase no la he extraído de ninguna cita popular -al menos que me conste- pero es la idea que me viene a la mente cuando veo a mis fieras ponerse manos a la obra con alguna nueva hazaña inverosimil. Y justo en ese momento en que dudas de que sean capaces, te das cuenta que es tu miedo mayor que el suyo y no dejas que tu rostro les frene. Si caen se levantan, pero que no dejen de intentarlo.

Para mí, es uno de los mayores retos que encuentro como madre: no quedarme sólo en el animarlos con palabras facilonas de motiviación, sino que mi cara, mis acciones, muestren entusiasmo y convincción. La afirmación en otros de lo que necesitamos ver.

Esa rotundidad de que, sí, podemos.

Los primeros años de un niño, cuando son bebés, navegamos en una fase de adaptación, cuidado y mimo que les acompañará siempre pero que, poco a poco, no calibraremos de la misma manera. La superprotección -de la que yo misma abuso en ocasiones- no es más que una limitación que les ponemos y nos imponemos, ya que nuestra misión en gran parte es hacerlos autónomos y autosuficientes para que decidan, al igual que nosotros hicimos en su día.

Veo la duda en su mirada y, como es normal, la ternura me inunda; pensar que no siempre estaré allí para ayudarles a levantarse si caen de la bicicleta, a leer correctamente esa palabra que tanto cuesta, ponerse una coleta, nadar sin manguitos, vestirse solos… Mis pequeños cada día son más grandes y ni mucho menos es su estatura lo que los engrandece, es ese ansia de hacer y conocer, esa semilla de curiosidad y ganas que día a día les crece.

Y me sobresalto cuando veo pasar el tiempo y esa lágrima que me escondo cuando me dicen: ¡Mira mamá! ¡Ya soy grande!

Viñeta de niños ser mayor
Ilustraciones de Chanti

2 comentarios sobre “¡Mira mamá! ¡Ya soy grande!

  1. Me llega al alma, tus palabras son las palabras de muchas de nosotras.
    Debemos crecer en la medida que ellos crecen. Todo cambia y es así como debe ser.
    Se hacen grandes y nuestra alegría debe crecer con ellos.
    un abrazo grande
    Maria

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