Educación·Niños

La mala malísima

Como muchas madres, yo soy la mala malísima. Mala Malísima

Esa bruja de ojos despiadados, risa infernal y tez pálida.

Y sí, no lo dice porque me describa tras levantarme despues de una larga noche de catarro y tos en esta bendita casa. No; lo dice porque he osado a pedirle que se ponga la bata, ordene sus juguetes, lea el cuento que semanalmente mandan en la escuela o si, profana de mí, le he hecho un suculento pescado para la comida.

Y así te lo comes, sin guisar apenas, y te conviertes en un segundo en la mala malísima.

Porque claramente es como lo ven ellos: como órdenes. Aunque tragues con una mesa de escritorio que define perfectamente el caos. A pesar de dejarla indagar en la cocina y convertirse en ayudante de chef para que el chef friegue luego todo -lo que ensució más lo del ayudante- o pases esos apuros cuando la llevas a jugar con sus amigas y de repente se muere de vergüenza y se transforma en ese tercer pie que todo bendito padre tiene.

Sí, a pesar de todo eso te espeta: eres mala malísima. Sin titubear oiga.

Así que el otro día cansada de que me dijera que era la mala malísima le contesté tajantemente: Efectivamente, ¡me gusta hacer bien mi trabajo! Y tan ancha me quede.

¿Quiénes son los malos malísimos de los cuentos y películas? Son los que ponen dificultades al héroe. Sí, no me mires así, somos como una carrera de obstáculos, la piedrecita que no sabes si saltar o rodear, pero que sea como sea, incomoda. Un niño poco entenderá de que esa piedra, ese obstáculo es parte de su aprendizaje y, por qué no decirlo, del tuyo. A su edad las lecciones crees que sobre todo se aprenden en la escuela, no piensas ni por asomo que te las puedes encontrar en todas partes. mala malísima - malefica

Ser educadores, padres, es un trabajo -eso lo tenemos todos clarísimo- y no por la imposición, sino por la responsabilidad con la que hay que tomárselo. No son todos los días de vinos y rosas: hay algún otro nubarrón y en ocasiones hasta tormentas. Pero es parte del aprendizaje, “una de cal y una de arena” suele decir una de las abuelas. Y por eso precisamente, ahora sé que la mayoría de las veces que mis santos progenitores me dieron un consejo, me intentaron enseñar un habito y, por tanto, me educaron como mejor creían, en esos momentos de discrepancias -y hubo muchas- yo estaba totalmente convencida que eran los malos malísimos, no comprendía que ese era su papel.

¿A quién no le gustaría siempre ser el rey mago de Oriente? A todos por supuesto. Ser el hada madrina que te ayuda a conquistar tus anhelos, portadores de esa varita mágica que todo lo hace, que todo lo crea.

Pero mala madre, es más, malísima madre, sería si les enseño que el aire siempre tira a favor. Así que desde el día que se lo dejé claro vivo totalmente reconfortada. De ahí a que lo entienda, hay un trecho, lo sé. Pero ahora cuando me regala ese: Eres mala, mala maliiiiisima, me imagino a mí misma invocando a las aguas, alzando mis manos ante la tormenta, seguida por un séquito de hienas, orcos y abominables elefantes, mientras digo con una voz de ultratumba: “Según entres en casa, quítate los zapatos”.

Y mientras me mira con esos ojos fijos y amenazantes, me daré la vuelta y me alejaré con un HAHAHA.

Sí, lo sé, estarás conmigo: es un trabajo muy duro y tortuoso pero qué le voy ha hacer, ¡me encanta mi trabajo! Y sin mucha vocación de estrella Disney, me gusta siempre estar a la altura del papel.

13 comentarios sobre “La mala malísima

  1. Si esa risa es acompañada de una mirada ceñuda y malhumorada sería ya lo más. Pero esos problemas que cuentas se acrecentarán a medida que crecen esos diablos, porque efectivamente son ellos los malos…..bueno, más que malos, egoístas, muy egoístas. Y cuanto más tienen y más les das, peor. No significa que no se les deba dar nada, pero hay que ajustar las cesiones que se les otorga porque si te pasas creerán que la abundancia es lo normal.

  2. ¡Muy bueno… y muy real, chica! ¿¿Qué sabrán las malas de Disney…?? ¡¡¡Ninguna de ellas tuvo que lidiar con la crianza de trillizos Zipizapes asalvajaos perdíos, seguro!!! ¡¡Unas pardillas, te lo digo yo…!!

    Si es que te faltaría comprar una cadena de esas para perros grandes y tenerla a mano a la hora de la cena… ¡por si hay que encadenar a alguno a la pata de la mesa con el plato de coles de Bruselas… frías! ¡¡Muawww Hawww Hawww Hawwww…!!

  3. Yo también soy malísima, bueno, normalmente me despacha con un sonoro TONTA!!!!!!!!! y lagrimones a dolor. La verdad que todavía me da penilla porque es muy pequeño pero cada vez menos, oiga! jajajajaja

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