Divagando·Pensamientos en voz alta

El plan B

foto: alpimages/Shutterstock
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Hace poco en una conversación en Whatsapp con unas amigas, necesaria esa vía por la lejanía, hablamos de la importancia de tener un plan B.

Una de nosotras está persiguiendo un sueño que le esta costando alcanzar. Seguro que tú o yo bien podríamos ser esa persona, ya que todos perseguimos sueños, grandes o pequeños, lejanos o inminentes; todos queremos algo y luchamos por conseguirlo.

Como decía, en la charla matizamos que siempre ha de existir un plan B. Yo soy una gran fan del plan B. En el mismo plan A lo contemplo siempre. Posiblemente esté sujeto a la incertidumbre y desazón que conllevaría que tu máxime deseo no se lograse y, llámame práctica, para qué me voy a frustrar si existe el plan B.

Hace poco en una reunión con la tutora, en el colegio, nos hablaba del nivel de frustración, algo que creo muy importante tanto en adultos como en niños. Y cómo ya desde niños tenemos una predisposición a ella y cómo la toleramos. La frustración bloquea y, ¡a quién no!

Pégate mil veces con el mismo muro que sólo el tesón o la obstinación hará que vayas a por la 1.001.

Reconozco que no me gusta perder el tiempo (te invito a leer el post de una tocaya sobre pequeñas lecciones de vida: perder), si no logro en las 1.000 primeras veces un objetivo (y ya creo soy bastante resilente) cambio el enfoque. Lo que puede parecer iniciativa y prudencia, bien puede interpretarse como inseguridad; los matices, como digo, siempre los pones tú. Es mi táctica para diseñar en momentos de crisis el plan B.

Así que como la frustración, queramos o no, va siempre pareja a nuestra ejecución y a casi todos nuestros anhelos, yo te planteo desde aquí que intentes siempre que puedas idear un plan B. Una opción válida para alzarte con tu empeño

No pierdes, no fracasas: sólo tomas impulso en una dirección distinta. No digo que cambies el fin, sólo la vía de conseguirlo.

Y a mis amigas, que las quiero tanto, solo desearles siempre que tengan esa opción. No hay lucha fácil, ni hacerla acompañada en ocasiones es un consuelo; no os voy a decir que todo pasará y que seguro conseguiréis lo que os propongáis. No sería sincera mintiéndos de esa manera, pero no os desaniméis chicas, ¡a por el plan B!

 

Un comentario sobre “El plan B

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