Esos pequeños bajitos·Niños

Despues de Dragones y Mazmorras los heroes necesitan terapia

Esta semana se publicó una colaboración mía en un espacio distinto a los que escribo asiduamente, Art Street, y cuando pensé en el post a escribir me apeteció compartir mi pasión por los héroes de los cómic que ya has podido ver en mis entradas (si te apetece leerlo, la entrada es Héroes de papel)

En el post hablaba de distintos personajes, todos creados por sus autores, con unas cualidades excepcionales para hacer el bien. Desde Asterix, pasando por Conan y sin olvidar a la intrépida Mafalda, ya que todos son héroes para mí.

Según lo leyó una amiga, me recomendó un libro -que aún no he leído- pero cuyo título me pereció excepcional: También los superhéroes van a terapia“. Y sí señor, ahora a mis años -cada día parezco más una abuela cebolleta con estas afirmaciones- leyendo aún comic con gran devoción, reconozco que no veo a esos superhéroes con los mismos ojos que antes.

Dragonez y Mazmorras

De niña jugaba con mi hermana y una amiga a Dragones y Mazmorras; mi personaje era la Acróbata y, para aquellos que no me conocen, os diré que reunía -y aún reúno- dos características para poder ser Diana: un pelo rizado y que no paro quieta. No hay árbol al que no me haya subido ni botiquín de colegio que no conozca… He sido un trasto de niña -lo he reconocido ya abiertamente- y mis padres tienen ganado el cielo, doy fe.

Imagina un retaco de 10 años jugando con un palo y defendiéndose de los enemigos imaginarios que aparecían en los bosques donde jugábamos: no se nos resistía ninguno. Junto con el arquero y la ladrona éramos invencibles, nuestra imaginación superaba con creces cualquier expectativa y nos podíamos pasar horas jugando a batallitas.

Esos dibujos nos permitían precisamente eso: sentirnos héroes. No sólo por las aventuras que suscitaban, sino porque sus protagonistas eran niños. Lejos del Capitán America, Hulk, Tormenta … Los héroes era unos simples mocosos, al igual que nosotros, que entran una vez en un túnel de un parque de atracciones y se encuentran sumergidos en un mundo que le es ajeno y que sólo quieren volver a casa. Más o menos como Alicia en el país de las maravillas al fin y al cabo.

A día de hoy me imagino a las tres de nuevo, cada una con sus retoños, y me pregunto si podríamos enfrentarnos igual al señor del Mal; íbamos a necesitar mucho más que los consejos del amo del calabozo. De hecho seguro que no nos vendrían mal a día de hoy sus consejos algunas veces.

Por eso cuando mi tocaya me dijo el título del libro al ver mi entrada no pude dejar de reírme un buen rato.

Dragonez y MazmorrasSí, los superhéroes también necesitan terapia, hay que estar muy loco, o poco cuerdo, para creer que se puede salvar el mundo, acabar con los malos y dejar las calles limpias de carroña. Ciertamente hacen falta superhéroes cargados de poderes con la suficiente entereza de creer que existe un mañana mejor. Esos que hacen malabarismos para llegar a casi todo – unos grandes acróbatas- y no la pequeña Diana, que protegen torpemente con su escudo protector como hacía Erik y que crean magia continuamente como Presto y Shelly. Si los superhéroes fueran padres de familia serían como tú y yo, irían a terapia, porque es difícil creer si no que se pueden hacer ciertas cosas si los poderes te fallan; pero aún así, sin escudo protector, garrote mágico o unicornio que nos tele-transporte, nos empeñamos en mover montañas. Y en esas estamos todos los días.

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